El terror, el miedo, la desesperanza y el desaliento están lejos aún de terminar en el país. A pesar de que minuto a minuto, hora tras hora, día tras día, los mexicanos esperan el fin del calderonato, el segundo régimen panista de la historia de México cuyo estigma es la muerte, la pobreza y la miseria, éstas no se acabarán en los próximos meses y hay grandes posibilidades de que continúen los próximos años. Un claro ejemplo de eso es el asesinato de migrantes, mexicanos y centroamericanos y de otras latitudes, pobres, inermes, indefensos ante la corrupción de las autoridades. La pesadilla sigue, no tiene para cuando acabar. Alejandro Solalinde, el director de la Casa del Migrante de Ixtepec, Oaxaca, advierte que están por descubrirse cosas peores a los hallazgos de San Fernando, Tamaulipas, donde fueron exhumados más de 180 cuerpos de migrantes nacionales en fosas clandestinas.